07 junio 2005

El barrio: Festival de Mount Pleasant


El pasado domingo tuvo lugar el festival de Mount Pleasant un pequeño barrio en el noroeste de Washington DC. Su cariz y composición tienen poco que ver con la mal llamada de feria de abril celebrada hace unas semanas. En este caso se percibe una mezcla más ecléctica y variopinta dentro de la identidad latina que impera en sus calles. Mount Pleasant antiguamente era un vecindario residencial en la periferia del centro laboral que durante la decadencia de la urbe se transform
ó en el enclave latino más importante de la ciudad. Aún se recuerda por los disturbios que protagonizó en 1991, los más graves en Washington DC desde los causados tras la muerte de Martin Luther King en 1968. Un policía novato disparó e hirió a un inmigrante salvadoreño desatando tres días de saqueo y manifestaciones públicas que fueron paradas con un toque de queda y la intervención de 1000 policías antidisturbios.


Cartel del festival

Muchos sienten que no se han hecho avances en el contexto de la situación latina y de las minorías, inmigrantes o no, desde ese suceso. Lo peor es que pueden tener razón en particular en lo que se refiere a las relaciones policiales. En cuanto a Mount Pleasant, estos años también ha sido victima y participe del aburguesamiento de la ciudad. Los precios de la vivienda ya no están, ni de lejos, al alcance de la familia inmigrante u obrera que esta ocupando otras áreas de la ciudad. En cualquier caso continúa siendo una referencia en la interpretación latina y abierta de Washington DC. En fin, aquí va una pequeña muestra del festival:



Lógicamente la música es imprescindible con un escenario diferente a cada extremo de la feria. Dentro del predominio latino se podían escuchar también bandas de rock o blues compartiendo espacio con ritmos caribeños, aparte de varios pinchadiscos a lo largo de la muestra que metían dosis de regatón y bailoteo obsesivo. En la foto la DC. Latin Jazz All-Star Band de "Killer" Joe Falero con el ínclito Iván Navas a las congas.


Y entre tanto puesto de ropa, joyas y asociaciones comunitarias muestras imparables de cocina. Fritura latina, pupusas, gyros, frijoles, pinchos de pollo, tiras de yuca...


...y ahora sí, sin los uniformes colorados de la última vez, el Sangría Café de Victoriano Martín repartiendo la paella, que no estaba mal pero han tenido mejores días.


Tampoco faltó entre las atracciones, concursos y casetas un zancudo enmascarado, solitario, casi perdido, que pululaba a su aire por el festival. En fin, siempre tiene que haber alguien dedicado a traumatizar a los más pequeños. ¡Viva el folclore!