19 mayo 2006

Arquitectura: Miseria de lujo


Leía con interés el artículo sobre el proyecto de viviendas de Zaha Hadid en Spittelau (Viena) en la revista Building Design. Tras varias críticas al rocambolesco proceso, los desproporcionados costos y la reacción del estudio de Hadid, el escrito se las apaña para ensalzar los valores estéticos del edificio y así - desligándolo de otras responsabilidades - ensalzar el valor del arquitecto. Yo casi preferiría empezar al revés, admitiendo lo atractivo de ciertas cualidades estéticas para algunos, pero reivindicar su falta de significado cuando no están ligadas a un programa, a un contexto y propósito social o cuando fracasa estrepitosamente el proyecto para lograrlo. El caso lo reune todo.

El proyecto se designó recuperando una zona de vías de tren que políticamente se reconocían como un gran espacio para la regeneración urbana en una zona aislada y sin atractivos. El diseño ofrecía tres edificios que aunaban una mezcla de estudios para artistas, comercios, oficinas y atracciones en la forma de discotecas y restaurantes. La receta dependía del complejo covirtiendose en el imán que atraería visitantes y desarrollo al area.


Los problemas empiezan cuando se proyecta sin atención a los modelos económicos uso y la legislación local. El inversor inmobiliario recortó el muy publicitado proyecto, la idea de vender espacio antes de la construcción para financiarla se tornó impracticable. Así que se reconfiguró el proyecto como vivienda social buscando subsidios públicos y en lugar de los grandes espacios propuestos se tuvieron que redividir los espacios en 31 viviendas. Hadid así cedió toda responsabilidad sobre los interiores y el exterior se reconfiguró para adaptarse a las necesidades climáticas reduciendo significativamente la integridad formal...

Los titulares sensacionalistas hablan del proyecto de vivienda social más caro de Europa, y probablemente sea cierto: 10 millones de euros. Los hay que se atreven a elogiar como trabajadores y estudiantes se beneficiarán - como si de un privilegio se tratara - de un diseño magnifico de Zaha Hadid. No hay magnificencia en la arquitectura sin programa y no puede haber alegría en la quiebra de la inversión privada que usa al arquitecto complaciente para crear cáscaras y termina buscado el apoyo embotado del sector público ante su propio fracaso. Si hay algo magnífico aquí es como pierde la ciudad y sus ciudadanos en este proceso.

Imágenes cortesía de Wassmann