30 marzo 2006

Cultura gastronómica:
Twinkie - Haciendo patria a pastelazos


Cuando se trata de crear identidades un bollo manda sobre todos. El Twinkie ha sido capaz de convertirse en un icono ridículo, cotidiano y adorado; fiel reflejo de la cultura popular estadounidense.

El Twinkie son 150 calorías - un tercio total de grasa - de bollo esponjoso relleno de crema. El año 2005 celebra el 75 aniversario de un icono de la pastelería industrial que ha sido calificado por la Casa Blanca estadounidense como "objeto americano de simbolismo duradero".


Creado durante la Gran Depresión, su duración es gran parte de la leyenda urbana que le rodea. Se piensa que el Twinkie no caduca, que aguanta en el supermercado indefinidamente frente a los demás bollos, incluso Homer Simpson muestra como se convierten en licor tras diez años en reserva. Y aunque los expertos del Twinkie, que los hay, defienden que se puede comer un Twinkie de treinta años, oficialmente duran 25 días. Una amplio periodo que logran gracias a no contener productos lácteos perecederos. El Twinkie es harina, tres tipos de azúcar, aceite, huevos, preservantes y estabilizantes.


Pero su inmortalidad ya es parte del imaginario colectivo al punto de ser incluidos en la cápsula que preparó el Consejo del Milenio estadounidense. Así es oficialmente herencia simbólica para las futuras generaciones incluyendo lo que mejor representa a la nación. Se abrirá dentro de cien años para encontrar cosas como banderas, imágenes de tropas americanas liberando un campo de concentración o la primera persona en la Luna y claro un Twinkie. El lema de la cápsula dice "honrando el pasado e imaginando el futuro". Imagínate y honra al Twinkie.


Se fabrican unos 500 millones de Twinkies cada año y sus ventas continúan aumentando. Los americanos el año pasado se gastaron aproximadamente 47 millones de dólares en estos bollos. Se hacen tartas de boda con Twinkies, tesis doctorales en torno a sus propiedades, fiestas y reuniones públicas, clubes de fans, se fríen y se hace tiramisú de Twinkie, esculturas, homenajes fotográficos y fundas de plástico para llevarlos de viaje con la forma de su mascota: Twinkie the Kid - Twinkie el Niño: el pastel vaquero.


Se han utilizado en casos legales como atenuante. La "defensa Twinkie" nació cuando un acusado de asesinato logró argumentar que su depresión se vio exacerbada por el consumo de azúcar contenido en los Twinkies. Y han hecho tambalearse carreras políticas. En el "Twinkigate" de 1985 un candidato a la asamblea de Minneapolis fue acusado de sobornar a grupos de jubilados con Twinkies.


El culto a un pastel industrial abre múltiples posibilidades. Podríamos subir a los altares a las ensaimadas y a las torrijas, planear las festividades en torno a las rosquillas y ser enterrados junto a unos nevaditos o unos miguelitos de la Roda. ¿Pero realmente se puede fabricar cultura como se fabrican Twinkies? ¿Podría el Phoskito convertirse en un nuevo pilar del nacionalismo?


No es que el Twinkie haga historia es que se hace historia con él. Se ha convertido en algo místico y patriótico. Al extremo de que la institución del Smithsonian, museo y archivo de cultura estadounidense, le dedica artículos homenaje en su aniversario y secciones en sus exposiciones. Así se presenta como parte del sueño y ensoñación americanos, idealización y distorsión como modelo de vida, del bollo de crema como ejemplo a seguir. Mamá, de mayor yo quiero ser un Twinkie.


Más info en: www.twinkies.com



Publicado originalmente en la revista ETECÉ, número 10, Marzo/Abril (PDF 2.259 KB)