Arquitectura: Fascismo urbano y profesional

El pasado lunes 13 escuché en la Ciudad Invisible de Radio 3 una entrevista con José Juan Barba, arquitecto y director de la revista Metalocus celebrando los16 números de la publicación. Es una revista respetable que pulula entre el elitismo arquitectónico, la diversidad de la cultura del proyecto y la pornografía del diseño.
En el contexto de la diversidad urbana dijo que en Estados Unidos existe un miedo al desarrollo, a la vivienda, cerca de los centros de transporte como una parada de Metro. Un miedo dirijido a quien pueda salir del metro y encontrarse al lado de tu casa. Añadió que esto en el fondo constituye un fascismo encubierto. Decir algo así a pelo es mucho decir. Empecemos por aclarar que Estados Unidos y sus ciudades están repletos de graves problemas entre ellos discriminación y racismo en muchas formas e incluso yo me atrevería a decir que existe un fascismo popular, no encubierto, en algunos sectores de la vida pública americana. Pero me resulta gratuito generalizar una teoría del miedo en torno a los lugares de transporte, en particular las estaciones de metro, máxime cuando existe un gran movimiento en la comunidad profesional para promover el "desarrollo orientado al transito" (TOD - Transit Oriented Development) que encuentra dificultades más por la estructura inmobiliaria y la demanda mercantil que por un problema perceptivo. Y por otra parte son muchos los ejemplos en Estados Unidos donde bien las viviendas más valoradas se encuentran en torno a estaciones de metro y/o nuevas estaciones de metro elevan la gama de precios de las viviendas que la rodean. Quizás haya una relación entre una cultura fascistoide y el transporte pero habría que articularlo de otro modo.
Pero lo más grave no fue esto. Estaba hablando de como el arquitecto educa a su cliente o como lo más importante es saber escuchar y gestionarlos, cosas que aunque sean en parte ciertas también son tópicas del chapurreo clasista de la profesión. Frecuentemente esto se usa para hablar de élites y desde una despreocupación por los valores sociales de la arquitectura y la implementación técnica de los proyectos. En este contexto dijo que lo difícil era eso, convencer, hacer entender a la gente normal que opciones son preferibles. Probablemente no eligió las palabras adecuadas pero cuando los arquitectos se refieren a la población sin formación profesional similar a la suya como a "la gente normal" van a tener razón y consecuentemente ellos serán unos anormales.