22 abril 2005

El barrio: ¿Dónde está el peligro?



Caminaba hace un par de días desde casa hacia la estación de metro. Serían las cinco y media de la tarde. De repente veo una mujer rubia de mediana edad, vestida en traje de oficina y cargando con las bolsas de la compra en mi dirección. Me hace gestos de alarma. Prácticamente no me deja hablar al explicarme que la persigue un negro y que haga como que la conozco. Entre la desorientación y la alerta acierto a decir:
- ¿Qué? ¿Dónde? ¿Aquel chico en la acera de enfrente?
- No, no es ese. Se habrá ido. Ya sabes como son, si te ven hablando con alguien se asustan y se van. Gracias.
Y como vino se fue.

Quizás sí que había una persona sospechosa que la perseguía. Pero que para describir el agresor potencial lo único que fuera capaz de decir es que era negro es inquietante. El barrio es una zona en transición. Es a la vez héroe y victima del aburguesamiento o gentrificación sin control. Mientras trae nuevas poblaciones de la llamada clase media americana desplaza y segrega a los más desfavorecidos. Estos son tanto los inmigrantes que se unieron al barrio cuando estaba en su peor momento como los que han vivido aquí durante generaciones, es decir latinos y negros. Esta es una ciudad, me atrevería a decir un país, dividido en muchas formas preocupantes. Washington DC tiene un 61% de población afro-americana. La región es la que más ha crecido en los últimos años y la más estable en términos laborales. Pero su crecimiento ha aumentado objetivamente la distancia entre los que ganan más y los que ganan menos. Esta distancia cada vez más patente, permite mezclar en un batiburrillo los argumentos más convenientes para ignorar estas divisiones: mercados libres, amenazas de inmigración, vaguería, racismo, falta de iniciativa individual, nacionalismo, guerra contra el terror...

¿Y yo que hago aquí? En los ojos de esta mujer pertenecía a su grupo. No era una amenaza, ni inmigrante extraño ni residente común. Es esa identidad ocasional de inmigrante camuflado o integrado que a veces me favorece y me da escalofríos en igual manera. Una identidad que se sirve de prejuicios y estereotipos que te son aplicados. Una identidad que según esta persona es capaz de ahuyentar a un negro que nunca vi en una calle, en un barrio, lleno de negros. Es una de las tristes dinámicas de esta ciudad donde a menudo se dice que esto es un pequeño pueblo porque es normal vivir sólo con los de tu propia calaña.